Vía “Finanzas para Todos” – La RTVV hecha el cierre

La RTVV hecha el cierre.

El mercado de divisas

El mercado de divisas.

El mercado de divisas

El mercado de divisas.

Connecting Dots

Os recomiendo activamente ver el video de la charla que Steve Jobs dió en su día en la Universidad de Stanford. Es una charla tan interesante como motivadora e instructiva, de la cual se pueden extraer numerosas moralejas y conclusiones. Personalmente, la parte que más me gustó es una a la que él mismo le llamó “Connecting Dots” o lo que es lo mismo “Conectando los puntos”. 

Con ello, Steve lo que nos indica es que en determinados momentos de su vida, utilizó experiencias anteriores adquiridas en otras situaciones, para aplicarlas en proyectos futuros. Realmente, hay veces en la vida en las que cometemos errores, adoptamos actitudes o realizamos tareas, que aparentemente no nos van a aportar nada en un futuro, y por lo tanto consideramos que han sido una pérdida de tiempo. Nada más lejos de la realidad, la vida da tantas vueltas y nos ofrece unos giros tan increíblemente inesperados, que nos da la oportunidad de aplicar diferentes combinaciones de experiencias anteriores, pasando de ser meras pérdidas de tiempo a ser aptitudes que llegan a aportar un auténtico valor añadido a nuestra experiencia actual o a la sociedad para la cual prestamos nuestros servicios.

Un curso de formación bonificada que aparentemente nada tenía que ver con nuestra formación, la lectura de un libro que nos prestaron, o el desarrollo de un trabajo en una empresa anterior. Todo puede alinearse en pro de convertirnos en una pieza cada vez más valiosa en el mundo profesional. Solo hay que saber retener ciertas cosas, y sobretodo, saber cómo y cuando aplicarlas en nuestro beneficio.

 

Caerse está permitido, levantarse es obligatorio

Me gusta mucho la trilogía del Señor de los Anillos, aun a riesgo de parecer un friki para muchos. En las tres películas, encuentro cierta belleza en el lenguaje empleado por algunos personajes, al igual que hay frases dignas de reflexión. Yo tengo una frase favorita, quizás no sea muy relevante en la historia, y puede que la sobrevalore por algún motivo, pero es parte de una conversación mantenida entre Aragorn y Legolas en el Abismo de Helm. Aragorn está organizando todos los efectivos que puede para enfrentarse a un gran ejército que les supera enormemente en número. Aparentemente les espera una muerte segura, y Legolas tiene un momento de abatimiento en el que le dice que está enviando a morir a todos sus soldados, que por cierto no eran tales, sólo se trataba de aldeanos, en algunos casos ni siquiera mayores de edad. Aragorn le grita que si todos van a morir, entonces morirá con ellos. No es esa demostración de valentía la que me impresionó, es el gesto posterior de Legolas, cuando poco después le acerca su espada a Aragorn y le pone la mano en el hombro. Es entonces cuando le dice:

“Lo siento, me pudo el desánimo”.

Ser una persona optimista no implica estar los trescientos sesenta y cinco días del año motivado. Existen días “de esos”. Días en los que te planteas si lo que estás haciendo vale la pena, si te compensa, y si conseguirás las metas que te habías propuesto. Es lógico y comprensible, si no tuviéramos períodos de bajón anímico, seríamos autómatas, pero tan sólo somos hombres. Lo más importante de todo no es tratar de mantenerse motivado a todas horas, ni en todo momento, es saber afrontar las épocas difíciles, para terminar cogiendo de nuevo tu espada y reconocer que te pudo el desánimo.

Razones de por qué todo va a ir bien…

¿Por qué sé que todo va a ir bien, sea el año 2012, 2013 o el 2045…?

Porque no entiendo por qué las cosas no deberían ir bien.

Porque trato de mantener cerca a las personas importantes para mí en la misma proporción que me mantengo alejado de la gente me hace sentir mal por las circunstancias que sean. Esto aunque pueda parecer una obviedad, es algo básico.

Porque mi conciencia está tan tranquila, que se puede decir que me encuentro en una fase en la que estoy en paz conmigo mismo. No es fácil conseguirlo, es un equilibrio difícil de lograr.

Porque tengo la misma ilusión y hambre por aprender que cuando empecé a trabajar, y sé que no voy a perderlas nunca. Tengo además en el terreno laboral, la suerte de trabajar con un equipo profesional y humano como nunca he visto, y es una oportunidad de oro para quitarse el chubasquero que hace que resbale la sabiduría.

Porque me gusta cuidarme, salir a correr, hacer deporte y la sensación del deber cumplido después de mis sesiones de ejercicio.

Porque nunca le he deseado ningún mal a nadie, nunca he sentido envidia que no fuese sana, y nunca le he negado la ayuda a quien me la ha pedido. Y como suele decirse, el que siembra, recoge. Y que conste que lo que hago, siempre es de corazón, no por el hecho de sembrar.

Porque tengo a mi lado a la mujer más maravillosa del mundo, que me ha dado y me sigue dando mucho más de lo que ella cree. Sin ella, hoy todo sería mucho más difícil, porque tendría que enfrentarme a todo solo.

Porque tengo dos hijos increíbles que son la ilusión de mi vida y me hacen disfrutar del amor más precioso que existe. No se puede llegar al 110% si no se tienen hijos, ellos dan esa fuerza extra cuando piensas que no puedes más.

Porque sabiendo que el futuro de mi casa depende de mí, sé que no va a haber ningún problema.

Porque reconocer que estás consiguiendo cosas y que tu trabajo está siendo valorado, no implica prepotencia, implica asumir una realidad en muchas ocasiones.

Porque saber que todo va a salir bien, es la llave para que el final, sea ese, aunque parezca una redundancia.

Porque también hay que reconocer cuando has tenido suerte, y no solo reconocerlo, sino dar gracias por ello y actuar en consecuencia.

En resumen, porque no soy como los políticos, yo no hago propuestas, cuando llega enero no me planteo propósitos para el año nuevo, yo directamente cumplo todos mis objetivos.

P.D: Repito, saber que vas a conseguir todo lo que te propongas no es altivez, es el secreto.

 

La Navidad y sus dos posibilidades

Navidad, feliz falsedad… Lo leí hace ya mucho y lo tomé como un lema antisistema más. Una de esas frases que emplean los que están en contra de todo porque no tienen ganas de hacer nada. Sin embargo después de que hayan pasado ya bastantes años, recuerdo esa frase y me identifico mucho con ella. Creo que cuando llegan las navidades, a uno se le pueden plantear dos posibilidades, y eso es en el mejor de los casos.

La primera es un clásico, la edición estándar de la Navidad. Esa nochebuena en la que toda (o gran parte) de la familia, se reúne para gozo y placer de unos pocos. Generalmente se trata de una cena copiosa, con marisco, vino, turrón y cava. Una cena en la que se tratan temas de actualidad sin poder entrar en profundidad en ninguno de ellos. Entre otras cosas por la autocensura, es decir, por el hecho de morderse la lengua, no dando tu verdadero punto de vista de las cosas por no provocar un conflicto familiar de dimensiones desconocidas. Obviamente, el resto de los invitados parecen desconocer esta parte, puesto que cada opinión dada por los diferentes comensales, se vierte sobre la mesa ignorando el hecho de que a tí, sí que pueda sentarte mal. Son ocasiones en las que uno se reúne con padres, hermanos, tíos, primos, cuñados y demás. Y son momentos en los que, si te presentases ante un casting, no sólo te contratarían para rodar cualquier película, es que te darían el Óscar a la mejor interpretación, no sólo por aguantar estoicamente determinadas situaciones, sino por bailarle el agua a más de uno al que de cruzarte con él en una reunión de amigos, no le darías ni la hora. Hablas por lo tanto de política, de la crisis, de España, de trabajo. Y por dentro te haces cruces por las opiniones que escuchas, porque de normal, es difícil concentrar tantas tonterías y tanto surrealismo en un espacio tan corto de tiempo. La cena termina, te despides previo brindis y rezas para que al año siguiente, algo cambie, aunque sabes que no será así.

 

Luego está la otra posibilidad. Y se puede dar incluso al día siguiente, cuando el vino se ha calentado, las tartaletas se han reblandecido y el queso está aceitoso. Te reúnes con un grupo de amigos, o de familiares más reducidos. Y te ríes. Y vuelves a llenar tu copa de vino, que incluso notas mejor que el día anterior. Y en ese momento te das cuenta de que te estás riendo a gusto, que tu conversación no tiene ningún obstáculo y te sientes completamente conectado a los que te rodean. En ese instante, todo fluye según lo lógico y lo normal, y estás siendo tú mismo, y lo más importante, escuchas a la persona que tienes en frente, o a tu lado, y escuchas con atención porque sabes que puedes aprender de su opinión, de sus palabras, lo que se suele llamar en términos más técnicos, conseguir un feed-back. 

Como se suele decir, los amigos se eligen, pero la familia es la que te toca. Los años pasan y cada vez lo tengo más claro. Las personas que necesito cerca de mí no tienen por qué ser necesariamente mi familia, la gente que quiero en mi vida es la que me hace disfrutar de su compañía y sobretodo, la que consigue sacar lo mejor de mí, con la que puedo ser yo mismo. 

Uno nunca será profeta en su tierra, sin embargo, a mí siempre me ha gustado viajar…

 

¡Feliz Navidad!

 

 

Coste de oportunidad

En alguna ocasión no he podido evitar analizar cómo sería mi vida sin mi mujer y mis hijos, o lo que es lo mismo, si fuese soltero. Probablemente me dedicaría a viajar, a seguir saliendo de fiesta los fines de semana, a probar los restaurantes chics de la capital, o a quedar para ver el fútbol con los amigos, puede que incluso me hiciese socio del Levante para ir todos los domingos al campo. Cuando uno se casa, normalmente no hace más que formalizar una situación de convivencia, pero cuando se tienen hijos, es cuando uno experimenta los mayores cambios en su vida. El tiempo para pensar en uno mismo se reduce, el tiempo para los hobbies, el tiempo para los amigos, e incluso para la familia. Y todas esas cosas van pesando, junto con el trabajo, junto con el día a día.

Luego ves como muchos de tus amigos siguen con sus fines de semana de fiesta, como algunos de tus compañeros visitan un país distinto cada periodo vacacional, y tu llegas a casa, y sigues teniendo trabajo por hacer y a tus hijos llorando y berreando por toda la casa. Podría parecer terrible, y en algunas ocasiones hasta lo es, pero luego te ves contando cuentos ante la mirada asombrada y maravillosa de tus pequeños. Ves esa expresión increíble de asombro ante cualquier cosa sin importancia que a ellos les fascina. Sientes su calor cuando los abrazas para dormirlos, o mientras ves una película de dibujos con ellos. Sientes eso tan grande cuando te dicen con esa vocecita que te quieren.

Otro en mi lugar podría estar viendo mundo, viviendo otra vida… Para mí, mi mundo es mi hogar, y mi vida, son ellos.

Y después de tanto, aún te sigo echando de menos…

Esta noche he vuelto a soñar contigo. Estabas en tu casa, sentado junto a la mesa, con la mano en la frente, quejándote de que te dolía el costado y lamentándote de tu suerte, atisbando tu final. Estuve toda la noche abrazándote, dándote besos, diciéndote que no iba a pasarte nada malo, que íbamos a seguir estando juntos mucho tiempo, bromeando como siempre hago, para sacar lo mejor de ti, en el peor momento. Por desgracia me he despertado para darme cuenta de que ya te habías marchado hacía mucho, y que todo aquello quedaba muy atrás, en un pasado lejano y cada vez más difuso.
Siempre que me acuerdo de tí, pienso que hay heridas que no se cierran jamás, y en parte creo que debe ser así, porque esa clase de dolor te hace recordar lo profundo que te llegó la pérdida de alguien a quien amaste con locura. En mi caso, estoy convencido que el dolor por tu pérdida me acompañará todos los días, durante el resto de mi vida, y espero que así sea, porque significará que algo más me acompaña durante todo ese tiempo, tu recuerdo.

Los Ortega

Dice mi padre que los Ortega son desapegados, que no le dan importancia al no verse en años pero que cuando se reencuentran, parece que no pase el tiempo, porque se quieren mucho. Yo creo que sólo es una excusa para justificar su pasividad. El caso es que se ha dado un hecho que se repite con demasiada frecuencia, últimamente nos reencontramos en los tanatorios. La última vez ha sido hoy, porque por desgracia ha muerto mi tío Jose. Si los hermanos no fuesen tan desapegados, hoy hubiese podido abrazar sin contemplaciones a mi prima Anabel y decirle lo mucho que siento que haya muerto su padre. Podría haber compartido alguna partida de pádel con mi primo Jose, porque le he visto muchas veces jugar en el polideportivo ante la atenta e ilusionada mirada de su padre. Podría decirle a mi prima Isabelita que desde siempre le he tenido un cariño especial, no se por qué, ni desde cuando, pero siempre tuvo algo diferente al resto de todos mis primos. Podría compartir más conversaciones con esa gran persona que es mi primo Toni, con quien me encantaría poder mantener el contacto toda mi vida. Me gustaría poder reunirlos a todos, y recordarles que hubo una época en la que nos juntábamos para celebrar que eramos una gran familia, y que nos queríamos con locura. Martín, Paco, Manolín, Jose… ellos ya no están y la vida sigue sumando años a nuestra existencia, y es una pena que nos estemos perdiendo la vida de los demás, cuando en el fondo, a pesar de que no mantenemos el contacto, somos una familia que siente devoción los unos por los otros. Quiero conocer a vuestros hijos, a vuestras mujeres, quiero ver como os ha tratado el tiempo, y recordar todo lo que hacíamos hace ya bastantes años. Pero ante todo, os quiero recordar que, aunque nos separen más o menos kilómetros, o una vida llena de más o menos responsabilidades, a ti prima Anabel, a ti primo Jose, a Toni, Jose, Isabelita (y a tus dos perlas), Pau, Jose Enrique, Cristina, Santiago, Toni, Pau, Jose, Juan Antonio, y a todos los demás (perdonar pero mi memoria no llega a tanto) os quiero, os quiero muchísimo.

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